Según Peter Senge en su obra La quinta disciplina, el pensamiento sistémico nos indica la existencia de cierto patrones estructurales recurrentes, es decir, son modelos de comportamiento de un sistema, situaciones que se repiten permanentemente, por costumbre, generando errores en la forma de comportarse de una organización.

Es la descripción de un proceso, que ayuda a reconocer conductas repetitivas, para encontrar sus puntos de apalancamiento, esto es, permite saber cuál es el cambio adecuado para eliminar el límite más importante que sufre el sistema, a través de lo cual ganará dinamismo en una forma más que proporcional.

Así, el propósito de los arquetipos sistémicos es reacondicionar nuestras percepciones para que podamos ver las estructuras en juego, y ver el punto de apalancamiento de esas estructuras.

Senge identifica dos arquetipos diferentes:

  • Límites del crecimiento: un proceso reforzador (amplificador) se pone en marcha para producir un resultado deseado. Crea una espiral de éxito pero también genera efectos secundarios inadvertido (manifestados en un proceso compensador) que eventualmente atentan contra el éxito. Por ejemplo, en el caso de una nueva consultora, que crece rápidamente brindando importantes oportunidades de promoción. La moral crece y los jóvenes talentosos se motivan aspirando a ser socios en cierto plazo.

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  • Desplazamiento de la carga: un problema subyacente genera problemas que a veces resulta difícil abordar, entonces se desplaza la carga a soluciones fáciles que parecen eficaces, pero que sólo aplacan los síntomas y dejan intacto el problema. El problema empeora y esto pasa inadvertido porque los síntomas aparentemente desaparecen, y el sistema pierde toda capacidad de resolver el problema subyacente.

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